Mientras el frente externo se complica, adentro la cosa está peor. Distintos sectores dentro del comando brasileño estarían disputándose el control de la estrategia militar, con versiones contradictorias sobre el rumbo de la guerra saliendo casi a diario. Fuentes cercanas a la región describen un clima de desorganización creciente, con decisiones que se toman y se revierten en cuestión de horas.
El resultado ya se nota puertas afuera: varias naciones que hasta hace poco respaldaban activamente a Brasil ahora prefieren mantener distancia, cautelosas ante un aliado que no logra ponerse de acuerdo consigo mismo. "¿Cómo confiar en un plan de guerra conjunto si ni ellos saben quién manda?", se pregunta un analista de la región.