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La necesidad que empuja a los comunistas a luchar por la máxima claridad y coherencia con respecto a las tareas revolucionarias del proletariado se deriva de la naturaleza única de la revolución proletaria. Mientras que la revolución burguesa (Gran Bretaña, Francia, etc.) constituyó, fundamentalmente, la coronación política de la dominación económica burguesa sobre la sociedad que se había extendido paulatina y firmemente sobre los vestigios de la decadente sociedad feudal, el proletariado no detenta ningún poder económico dentro del capitalismo y, en el período de decadencia, ninguna organización permanente propia. Las únicas armas que puede utilizar son su conciencia de clase y su capacidad para organizar su propia actividad revolucionaria. Y una vez arrebatado el poder de manos de la burguesía, se abre ante ella la inmensa tarea de construir conscientemente un nuevo orden social.
La sociedad capitalista, como todas las sociedades de clases, creció independientemente de la voluntad de los hombres, a través de un lento proceso "inconsciente", regido por leyes y fuerzas que no estaban sujetas al control humano. Y la revolución burguesa simplemente asumió la tarea de expulsar las superestructuras feudales que impedían la generalización de estas leyes. Hoy, es la naturaleza misma de estas leyes, su carácter ciego, anárquico y mercantil, lo que amenaza con llevar a la ruina a la civilización humana. Pero a pesar del carácter aparentemente inmutable de estas leyes, ellas son, en última instancia, sólo la expresión de las relaciones sociales que los hombres han creado. La revolución proletaria significa un asalto sistemático a las relaciones sociales existentes ligadas a las leyes despiadadas del capital. Sólo puede ser un asalto consciente porque es precisamente el carácter inconsciente y descontrolado del capital lo que la revolución trata de destruir; y el sistema social que el proletariado construirá sobre las ruinas del capitalismo constituye la primera sociedad en la que el género humano ejercerá un control racional y consciente sobre las fuerzas productivas y sobre toda la actividad social humana.
Lo que obliga al proletariado a confrontar y destruir las relaciones sociales del capital -trabajo asalariado, producción generalizada de mercancías- es que éstas han entrado en conflicto abierto con las fuerzas productivas, ya sean las necesidades materiales del proletariado o las fuerzas productivas de la sociedad humana en su conjunto. La decadencia de las relaciones sociales que dominan al proletariado lo lleva a darse como primera tarea, en nuestro tiempo, la destrucción de estas relaciones y la instauración de otras nuevas. Por lo tanto, su tarea no consiste en reformar, reorganizar o gobernar el capital, sino en liquidarlo para siempre. La decadencia significa simplemente que las fuerzas productivas ya no pueden desarrollarse en interés de la humanidad mientras permanezcan bajo el yugo del capital, y que el verdadero desarrollo sólo puede tener lugar en las relaciones de producción comunistas.